domingo, 4 de octubre de 2009
jueves, 1 de octubre de 2009
Cada uno es lo que es, pero ¿qué?
Covadonga.- Hola, Mari Re.
Maria Refugia.- Hola, Cova ¿qué tal?
C.- Vas a ser tú la primera en saberlo.

M. R.- ¿El qué?
C.- Voy a hacerme budista… creo (todavía no me he decidido del todo).
M. R.- ¿Budista? ¿Te vas a dejar la cabeza como una bombilla?
C.- Puede ser.
M. R.- ¿Y eso? ¿Por qué te ha dado por ahí?
C.- Sabes que está en mi casa, de intercambio de vacaciones, un muchacho de cavernistán, ¿no?
M. R.- Eso he oído.
C.- Pues me está contando cosas de sus creencias y la verdad es que me molan.
M. R.- ¡Qué colgada estás, tía!
C.- ¿Sabes lo que dice Buda?
M. R.- ¡Pues claro que no! ¡No conozco mi religión, que es la verdadera, y voy a conocer una de culistán! ¿no te digo?
C.- No seas burra. Mira, Buda decía que todos los problemas vienen del egoísmo.
M. R.- Pues mi abuela dice que un poco de egoísmo hay que tener…
C.- Y dice que el egoísmo viene de la ignorancia, de que te crees que eres algo y la verdad es que no eres nada…M. R.- ¡Nada lo serás tú! ¡Yo sí que soy algo!
C.- ¿Sí? Pues déjate de cachondeo y dime qué eres tú, o sea, cuál es tu esencia, eso que no puede cambiar en ti sin que dejes de ser tú.
M. R.- ¿Qué me deje yo de cachondeo, y me haces esas preguntas? Pues mira, yo soy una chica caverniana, alegre, simpática, guapa…
C.- ¡Para, para! ¿A ver? ¿Eres una chica? ¿Y si te cambias de sexo, dejas de ser tú?
M. R.- Mujer, pues un poco sí, o hasta bastante.
C.- Pues los que se cambian de sexo no dejan de creer que son ellos mismos… ¿Qué más? ¿Alegre? ¿Entonces cuando estás triste no eres tú? ¿Guapa? Aparte de que te regalaré un espejo mañana… ¿qué pasa si te cambia la cara y no hay quien te reconozca? ¿No serás tú?
M. R.- Déjate de rollos. Vamos a ver: sólo yo tengo mis recuerdos, nadie sabe lo que yo sé de mí, ¿sí o no?
C.- Pues no… Mira, hace muchos años no tenías los mismos recuerdos, y eras tú misma. Luego has ido cogiendo unos y soltando otros… Y, escucha, ¿qué pasaría si en un accidente (Dios… quiero decir, Buda no lo quiera) se te olvida todo lo que recuerdas? ¿Serías tú o no? ¿Y si te conviertes en un pájaro?
M. R.- ¿En un pájaro? ¡Pájaro el Buda ese! ¿A dónde quieres ir a parar?C.- Pues lo que dice Buda es que, si te paras a pensarlo, eres nada de nada de nada. Y no sólo tú, sino todo, todo y todo. Y si te das cuenta de esto dejarás de ser egoísta.
M. R.- Sí, claro, y dejarás de tener cabeza ¿no te joroba? Te ha dado el mismo mal que a Espelunca.
C.- ¿Te has parado a pensar, como dice Espe, si todo esto es un sueño, o somos personajes que ha creado alguien y nos maneja y nos imagina como quiere?
M. R.- Pues si nos está imaginando alguien, está claro que tiene que ser un profe de cavernisofía, porque no es normal que nos rayemos tanto como nos rayamos, siendo unos pobres cavernianos.

C.- Vale, pero cuando lo sepas me dices CUÁL ES TU ESENCIA. Y tú, también.
martes, 29 de septiembre de 2009
¿Para qué filosofía? Lo inútil y lo valioso
Os copio un texto (un pelín largo pero, creo, claro e interesante) del gran lógico y filósofo inglés del siglo XX, Bertrand Russell:"¿Cuál es el valor de la filosofía y por qué debe ser estudiada? Es tanto más necesario considerar esta cuestión, ante el hecho de que muchos, bajo la influencia de la ciencia o de los negocios prácticos, se inclinan a dudar que la filosofía sea algo más que una ocupación inocente, pero frívola e inútil.

Esta opinión sobre la filosofía parece resultar, en parte, de una falsa concepción de los fines de la vida, y en parte de una falsa concepción de la especie de bienes que la filosofía se esfuerza en obtener.
Las ciencias físicas, mediante sus invenciones, son útiles a innumerables personas que las ignoran totalmente. Esta utilidad no pertenece a la filosofía. Debemos liberar nuestro espíritu de los prejuicios de lo que se denomina equivocadamente «el hombre práctico». El hombre «práctico», en el uso corriente de la palabra, es el que sólo reconoce necesidades materiales, que comprende que el hombre necesita el alimento del cuerpo, pero olvida la necesidad de procurar un alimento al espíritu. Si todos los hombres vivieran bien, si la pobreza y la enfermedad hubiesen sido reducidas al mínimo posible, quedaría todavía mucho que hacer para producir una sociedad estimable; y aun en el mundo actual los bienes del espíritu son por lo menos tan importantes como los del cuerpo.

El valor de la filosofía debe hallarse exclusivamente entre los bienes del espíritu, y sólo los que no son indiferentes a estos bienes saben que estudiar filosofía no es perder el tiempo. La filosofía, como todos los demás estudios, aspira primordialmente al conocimiento. El conocimiento a que aspira es aquella clase de conocimiento que nos da la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y el que resulta del examen crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias.
No se puede sostener que la filosofía haya obtenido un éxito realmente grande en su intento de proporcionar una respuesta concreta a estas cuestiones. Si preguntamos a un matemático, a un mineralogista, a un historiador, o a cualquier otro hombre de ciencia, qué conjunto de verdades concretas ha sido establecido por su ciencia, su respuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escuchar. Pero si hacemos la misma pregunta a un filósofo, y éste es sincero, tendrá que confesar que su estudio no ha llegado a resultados positivos comparables a los de las otras ciencias.Sin embargo, esto es sólo una parte de la verdad. Hay muchos problemas —y entre ellos los que tienen un interés más profundo para nuestra vida espiritual— que, en los límites de lo que podemos ver, permanecerán necesariamente insolubles para el intelecto humano, salvo si su poder llega a ser de un orden totalmente diferente de lo que es hoy. ¿Tiene el Universo una unidad de plan o designio, o es una fortuita conjunción de átomos? ¿Es la conciencia una parte del Universo que da la esperanza de un crecimiento indefinido de la sabiduría, o es un accidente transitorio en un
pequeño planeta en el cual la vida acabará por hacerse imposible? ¿El bien y el mal son de alguna importancia para el Universo, o solamente para el hombre? La filosofía plantea problemas de este género, y los diversos filósofos contestan a ellos de diversas maneras. Por muy débil que sea la esperanza de hallar una respuesta, es una parte de la tarea de la filosofía continuar la consideración de estos problemas, haciéndonos conscientes de su importancia y manteniendo vivo este interés especulativo por el Universo, que nos expondríamos a matar si nos limitáramos al conocimiento de lo que puede ser establecido mediante un conocimiento definitivo.De hecho, el valor de la filosofía debe ser buscado en una larga medida en su real incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía, va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Desde el momento en
que empezamos a filosofar, hallamos, por el contrario, que aun los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales sólo podemos dar respuestas muy incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y nos liberan de la tiranía de la costumbre.Aparte esta utilidad, la filosofía tiene un valor —tal vez su máximo valor— por la grandeza de los objetos que contempla, y la liberación de los intereses mezquinos y personales que resultan de aquella contemplación. La vida del hombre instintivo se halla encerrada en el círculo de sus intereses privados: la familia y los amigos pueden incluirse en ella, pero el resto del mundo no entra en consideración, salvo en lo que puede ayudar o entorpecer lo que forma parte del círculo de los deseos
instintivos. Esta vida tiene algo de febril y limitada. En comparación con ella, la vida del filósofo es serena y libre. El mundo de los intereses instintivos, es pequeño en medio de un mundo grande. Este género de vida no conoce la paz, sino una constante guerra entre la insistencia del deseo y la importancia del querer. Si nuestra vida ha de ser grande y libre, debemos escapar, de uno u otro modo, a esta prisión y a esta guerra. Un modo de escapar a ello es la contemplación filosófica. La contemplación filosófica, cuando sus perspectivas son muy amplias, no divide el Universo en dos campos hostiles: los amigos y los enemigos, lo útil y lo adverso, lo bueno y lo malo; contempla el todo de un modo imparcial. El egoísmo considera el mundo como un medio para sus propios fines; así, cuida menos del mundo que del yo, y el yo pone límites a la grandeza de sus propios bienes. En la contemplación, al contrario, partimos del no yo, y mediante su grandeza son ensanchados los límites del yo; por el infinito del Universo, el espíritu que lo contempla participa un poco del infinito.
El espíritu acostumbrado a la libertad y a la imparcialidad de la contemplación filosófica, guardará algo de esta libertad y de esta imparcialidad en el mundo de la acción y de la
emoción. Considerará sus proyectos y sus deseos como una parte de un todo. La imparcialidad que en la contemplación es el puro deseo de la verdad, es la misma cualidad del espíritu que en la acción se denomina justicia, y en la emoción es este amor universal que puede ser dado a todos y no sólo a aquellos que juzgamos útiles o admirables. Así, la contemplación nos hace ciudadanos del Universo, no sólo de una ciudad amurallada, en guerra con todo lo demás. En esta ciudadanía del Universo consiste la verdadera libertad del hombre, y su liberación del vasallaje de las esperanzas y los temores limitados".
¿Qué cosas tienen verdadero valor en sí mismas, y no sólo como medios?
¿Está el conocimiento entre ellas? ¿En qué lugar?
¿Qué es más cierto, que "el ignorante es feliz" o que "la verdad nos hará libres"?jueves, 24 de septiembre de 2009
¿Otra educación es posible?
Tengo que confesar (bueno, la verdad es que me muero de ganas de hacerlo)
que la escuela fue siempre para mí una verdadera tortura, que me producía estrés, aburrimiento y, a veces, miedo. Faltaba cuanto podía y soñaba con que acabara ese periodo de mi vida, aunque no me hacía ilusiones acerca del mundo laboral. De hecho, luego he comprobado que la gente piensa que, si te diviertes haciendo algo, no deberían pagarte por ello, y si te pagan por algo, tienes que aburrirte por necesidad al hacerlo.Fuera del colegio, en mi casa o en el parque, me gustaba escribir, pintar, tocar música… En el colegio todo eso no se parecía en casi nada, aunque los profesores eran todo lo buenos que podían ser. Prácticamente todo lo que estudié en primaria, secundaria y la universidad se me olvidó unos minutos después del examen. Creo que casi nadie de mi edad (y eso que muchos de ellos alaban lo mucho que aprendíamos) recuerda casi nada de lo que estudió.
No he conocido en toda mi vida (y me he pasado bastantes años rodeado de gente “estudiosa”) nadie a quien le gustasen realmente las clases. A veces te gusta una asignatura, o un profesor, pero eso no significa que te guste verle cuando toca ni estudiarlo en el pesado y monótono sistema en que normalmente te lo pretenden enseñar.

Luego me he encontrado, eso sí, personas que dicen tener muy buen recuerdo de aquella época. Claro: cualquier psicólogo sabe que tendemos a eliminar de la memoria los recuerdos peores, e idealizamos lo que hemos vivido. Pero cualquiera de esos adultos, cuando se atreve a ponerse a estudiar ahora (y eso que el régimen para ellos es mucho más blando) vuelve a aburrirse como entonces, o casi. Yo, al menos, no aguantaría ahora ni una sola hora sentado escuchando a un profesor, ni otras muchas cosas que cualquier estudiante vive todos los días.
Algunos ilusos, como Aristóteles, dicen (y yo les creo, y creo que todos, en el fondo, lo creemos) que todo el mundo tiene deseos de conocer y aprender. Entonces ¿por qué precisamente el lugar y el periodo en que se supone que nos dedicamos sólo a eso, a aprender, algo que tenía que ser como un festín, la mayoría de las personas lo viven como un auténtico infierno?¿Tenéis vosotros, cuantos visitéis esta caverna (alumnos o profesores o padres o lo que sea) esa misma sensación, o es que estoy hoy muy pesimista?
Y, si lo que digo se parece algo a la verdad, ¿por qué es así?
Pero, sobre todo ¿qué se os ocurre (pero algo que tenga pies y cabeza) para mejorar todo esto?
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Qué es Filosofía III

Para que os hagáis idea de la casa (o cueva) de locos que parece la filosofía, y que no se ponen de acuerdo ni en qué es lo que son ellos mismos, os copio unos textos de diferentes grandes filósofos (aunque, si no se sabe qué es la filosofía ¿cómo se sabe que fulanito es grande en eso?). En una entrada anterior, http://cavernisofia.blogspot.com/2009/09/que-es-la-filosofia-ii.html, hay otros textos.
El primero (lo recupero de esa entrada anterior, a ver si ahora, que lo he acortado un poco, le intentáis hincar el diente y resumir lo que dice) ve a la filosofía como algo extraordinario, lo más
importante que puede hacer alguien en su vida. Es este:¿Por qué es en general el ente y no más bien la nada? Tal es la pregunta. Quizá no se trate, en modo alguno, de una interrogación cualquiera. “¿Por qué es en general el ente y no más bien la nada?” – he aquí como se manifiesta la primera de todas las preguntas. Por supuesto, no lo es en el orden de la sucesión temporal de las interrogaciones. (...) Y, sin embargo,... todos alguna vez, o, quizá, hasta con frecuencia, hemos sido rozados por su oculto poder, sin entender con precisión lo que nos ocurría. Emerge, por ejemplo, con motivo de alguna gran desesperación, cuando las cosas pierden todo su peso y se oscurece cualquier sentido. (...)
Esta pregunta es incomparable con respecto a cualquier otra. En la búsqueda tropieza con su propio por-qué. La pregunta “¿Por qué el Por-qué?” parece superficial. Pero la interrogación sólo surgirá cuando sacrifiquemos esta apariencia. (...)
Filosofar consiste en preguntar por lo extraordinario. Puesto que esta pregunta provoca un rebote sobre él mismo, no sólo es extraordinario aquello que se pregunta, sino el preguntar mismo. El mismo Nietzsche dijo: “La filosofía... es la libre vida entre el hielo de las altas montañas”. Filosofar, podemos decir ahora, es el extra-ordinario preguntar por lo extra-ordinario.
[Heidegger: Introducción a la Metafísica. Cáp. 1, extractos]
El segundo es del gran Kant. Para éste la metafísica es a la vez una necesidad humana y algo imposible de realizar por nuestros pobres entendimientos:

La razón humana tiene, en una especie de sus conocimientos, el destino particular de verse acosada por cuestiones que no puede apartar, pues le son propuestas por la naturaleza de la razón misma, pero a las que tampoco puede contestar, porque superan las facultades de la razón humana.
En esta perplejidad cae la razón sin su culpa. Comienza con principios, cuyo uso en el curso de la experiencia es inevitable y que al mismo tiempo se hayan suficientemente garantizados por ésta. Con ello se eleva siempre más arriba, a condiciones más remotas. Pero pronto advierte que de ese modo su tarea ha de permanecer siempre inacabada (...). Se ve obligada a refugiarse en principios que exceden todo posible uso de la experiencia (...) Pero así se precipita en oscuridades y contradicciones. El teatro de estas disputas sin término se llama Metafísica. [Kant: Prólogo a la Crítica de la Razón pura. Extractos]
Nietzsche (¡aunque es filósofo!) piensa que casi todos los demás filósofos son unos ilusos, que creen que buscan un conocimiento perfecto por el puro gusto del conocimiento, cuando la
verdad es que lo que buscan es, a base de argumentos aparentes, darle buena cara al consuelo que han soñado, o sea, que la muerte no es el final y que cada uno tenemos (o somos, más bien) una mente inmortal.Los filósofos combatieron y combaten la apariencia, el cambio, el dolor, la muerte, lo corporal, los sentidos, el destino y la falta de libertad. Puesto que creen primeramente en el conocimiento absoluto, el conocimiento por el conocimiento; la alianza de la virtud y de la felicidad; la cognoscibilidad de las acciones humanas. Se sientes dirigidos por valoraciones instintivas... [Nietzsche. Voluntad de poder. 402].
Por último, os copio unos poemas de un poeta persa (del siglo XIII, creo).

No obtuvo el Universo provecho a mi llegada
ni aumentará mi marcha su rango y esplendor,
ni de nadie escucharon mis oídos jamás
por qué llegué un día y otro me marcharé.
Tú, corazón, no puedes vislumbrar el enigma
ni enunciarlo como hacen los sabios más sutiles;
construye un paraíso en tu copa de vino,
que no sabes si al otro llegarás algún día.
Los de mayor saber y mejores cabezas
la reunión de sabios con su luz alumbraron;
no hallaron un camino hacia el día en la noche
solo contaron cuentos y después se durmieron.
[Omar Jayán. Robaiyyat]
¿Qué compartes y qué no de cada una de esas visiones de lo que es pensar en cuestiones filosóficas?
¿Qué te parece que exista tal diversidad entre los filósofos? ¿Crees que eso hace absurda la filosofía? ¿Por qué sí o por qué no?
sábado, 19 de septiembre de 2009
filosofía y/o ciencia I
Si hay que distinguir a la filosofía de la religión, más conveniente todavía es distinguirla de la ciencia, porque aquí se suelen tener las cosas menos claras, incluso entre los filósofos.Un ejemplo de esas diferencias:
La Filosofía busca un conocimiento de Todo, y la ciencia también. Pero de una manera diferente, porque mientras la Filosofía busca Ideas y Principios lo más universales posible, la Ciencia intenta parcelar lo más posible el objeto de su estudio. El Filósofo busca el POR QUÉ de TODO, el científico busca el CÓMO de CADA cosa. Por eso para un científico puede parecer que lo que dice un filósofo son simples vaguedades, mientras que, para un filósofo, al científico “los árboles no le dejan ver el bosque”.

Una consecuencia muy extraña de esto es que ninguna de las ciencias puede tratarse a sí misma. No es un problema matemático “Qué es la matemática”, ni es un asunto de la biología “Qué es la biología”. Todos esos asuntos son filosóficos, como también lo es la pregunta “qué es la filosofía”.
¿Qué os parece más extraño, que uno se pueda preguntar y contestar qué es él mismo (haciéndose así juez y parte) o que uno no pueda ni preguntarse ni saber quién es (sino que se lo tenga que decir otro)?
Os lo ilustro con un diálogo intercavernario, entre ESPELUNCA y ANTRONIA, dos habitantes de cavernisofía (y otras cuevas). Podéis comentar cuanto os sugiera.
ANTRONIA.- ¡Hola! Espe. ¿Qué haces ahí sentada?
ESPE.- Aquí, pensando un poco.
ANTRONIA.- Y ¿en qué piensas concretamente?
ESPE.- Concretamente estaba pensando en Todo.
ANTRONIA.- ¿En todo? ¿Nada más? Pues esta mañana no te va a dar tiempo…
ESPE.- No tengo prisa.
ANTRONIA.- ¿No sería mejor que no abarques tanto y vayas parte por parte?
ESPE.- Pero es que precisamente lo que me pregunto es qué es todo, no una parte.
ANTRONIA.- Pero eso es como un puzzle, tienes que ir juntando partecitas hasta que lo tengas todo. Mira, yo, por ejemplo, me dedico a la musgología. Voy recogiendo musgos, los voy clasificando y aprendo cómo se comportan, según la clase de la que sean.
ESPE.- Estupendo. ¿Y cuando termines, qué vas a hacer?
ANTRONIA.- ¿Terminar con el musgo? ¿Sabes lo que dices? Hay infinitas variedades. Pero si eso ocurriera, empezaría con otro tipo de cosas.
ESPE.- Y ¿ya sabes lo que es el musgo?
ANTRONIA.- Qué es el musgo lo sabe todo el mundo. De lo que se trata es de estudiarlo.
ESPE.- A ver ¿el musgo de plástico es musgo?
ANTRONIA.- ¡Claro que no! El musgo es un caverniser vivo.
ESPE.- Y ¿qué es un caverniser vivo? Empieza si quieres por lo de caverniser.
ANTRONIA.- Un caverniser es cualquier cosa que puedas ver o medir. Y un caverniser vivo es el que se alimenta, se reproduce y cosas así…
ESPE.- Muy bien, eso me digo yo. Pero ¿cómo sabes tú todo eso?
ANTRONIA.- ¡Pues porque tengo ojos, como tú! ¿no te digo?
ESPE.- Y ¿cómo sabes que lo que ves es verdad? ¿Te has parado a preguntarte si todo lo que vemos en esta cueva no es más que una alucinación?
ANTRONIA.- ¿No te estará dando fiebre, no?

ESPE.- ¿Te hace gracia?
ANTRONIA.- No, chica, si me parece muy bien que te rayes. Pero hay cosas que no podemos saber, y las que podemos saber ¿cómo sabemos que las sabemos? Pues, mira, al fin y al cabo, porque funcionan. Los musgólogos podemos adivinar lo que va a hacer tal o cual musgo ¿te parece poco?
ESPE.- No, si eso creo yo a veces. Pero aquí me surgen también preguntas. ¿Cómo sé que nuestra creencia seguirá funcionando…? Pero, sobre todo, ¿para qué sirve?
ANTRONIA.- Hija, que simpleza, el musgo tiene mil aplicaciones. Algunas especies, por ejemplo, son curativas. Otros son cosméticos… Todos tienen alguna utilidad para la vida.
ESPE.- Eso sí, pero lo que yo me pregunto es ¿para qué sirve vivir?
ANTRONIA.- ¡Uf! Eso que te lo diga Covadonga, que habla a menudo con Petronila, la Suma Cavernotisa.
ESPE.- Lo que pasa es que Covadonga tiene la manía de no contestar preguntas. Se repite las historietas que se sabe y de ahí no la saques.
ANTRONIA.- En eso llevas toda la razón. Bueno, chica, pues no te interrumpo, sigue a lo tuyo. Yo seguiré con lo mío, el modesto y tonto musgo.
ESPER.- Querrás decir que vuelves a tu musgo, no que sigues con tu musgo…
ANTRONIA.- ¿Qué quieres decir?
ESPE.- Pues eso. Que yo no digo que no tengas razón en todo lo que has dicho, pero date cuenta de una cosa, que todo lo que has estado diciendo no es musgología. Ni siquiera qué es el musgo y qué es la musgología lo puede averiguar el musgólogo. Lo que pasa es que tú también eres cavernísofa, sin saberlo.
ANTRONIA.- Puede ser. Hasta luego.
jueves, 17 de septiembre de 2009
Filosofía y/o religión

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