-No des a la enseñanza una forma que les obligue a aprender por la fuerza.
-¿Por qué?
-Porque no hay ninguna disciplina que deba aprender el hombre libre por medio de la esclavitud. El alma no conserva ningún conocimiento que haya entrado en ella por la fuerza.
-Cierto.
-No emplees, pues, la fuerza, mi buen amigo, para instruir a los niños; que se eduquen jugando, y así podrás también conocer mejor para qué está dotado cada uno de ellos.

(Platón)



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jueves, 15 de noviembre de 2012

Platón y Aristóteles se encuentran en el limbo.

P.- Hola, viejo alumno.
A.- Hola, maestro siempre joven.
P.- He oído que defiendes una teoría diferente a la mía, y que reniegas de mis ideas sobre el mundo de las ideas.
A.- Sí, maestro, lo siento. Hago caso a mi mente.
P.- Me parece muy bien. Eso demuestra que eres sabio, o llegarás a serlo. Y ¿qué pegas le encuentras a lo que pienso? ¿No estás de acuerdo con que hay Ideas, inmutables y universales, que no son fenómenos físicos y materiales?
A.- No es eso, maestro. Estoy del todo de acuerdo contigo en que los materialistas se equivocan, y no nos dicen de dónde salen las ideas universales, porque no las pueden sacar de la materia. La materia es informe, sin ninguna característica propia, así que no puede darse ni a sí misma las formas que adopta a cada rato.
P.- Muy bien, ¿entonces?
A.- Pero creo que quizás tú cometes el error contrario, al negar completamente lo material. ¿No dices que este mundo es sólo una ilusión, un reflejo, un sueño?
P.- Eso es. El mundo material es irracional, porque es y no es lo mismo a cada rato.
A.- Pero existe, creo yo. Tú no nos has explicado nunca cómo se produce esa ilusión. P.- Es una caída del alma, un olvido de la verdad.
A.- Y ¿por qué se olvidó el alma? Si todo fuese perfecto, como dices, no se produciría esa ilusión. Yo creo que el mundo no es una ilusión, sino algo real. Y no ganamos nada negándolo. Para explicar el cambio, creo yo, hay que aceptar que existen cosas inmutables, las formas, como las llamo yo, y algo mutable, como la materia, que coge unas formas y suelta otras. Tú tienes razón en que la forma es lo más importante, y hasta creo que existe una forma separada, el Dios, causa de todos los demás cambios pero inmutable él mismo. Pero te equivocas, creo, en que las formas existen separadas de la materia. Las formas son un aspecto de las cosas, y sólo las separa la mente. ¿No has confundido algo lógico con algo real? Corrígeme si estoy equivocado, maestro.
P.- Muchacho, siempre creí que tendrías tu propio pensamiento. Quizás tienes razón. Pero, dime: ¿las formas no existen, pues?
A.- No, no de manera independiente. Son aspectos de las cosas. ¿De qué sirve decir que todo está duplicado en otro mundo?
P.- O sea, que el círculo no existe fuera de los objetos circulares que hay en la naturaleza, esos que siempre cambian y nunca son perfectamente lo que son.
A.- Bueno, la forma del círculo está también en la mente, cuando lo separamos de la materia, por abstracción.
P.- ¿Y la mente si existe, es algo real?
A.- La mente es, también ella, un aspecto de ciertos seres, los inteligentes. Pero la mente no es una cosa independiente por sí misma, es una forma. No se puede separar, por lo menos la parte con la que percibimos el mundo, y la memoria y la imaginación.
P.- Muy bien. Entonces, si desapareciesen los objetos físicos, y las mentes que piensan, ¿el círculo dejaría de ser lo que es, según tú?
A.- El mundo nunca va a dejar de existir, porque nada puede destruirlo, ya que su movimiento circular es perfecto.
P.- Aunque fuese así, creo que puede imaginarse que desapareciese, o no hubiese existido. ¿Qué pasaría entonces con el círculo?
A.- Bueno, aún estaría en la mente.
P.- ¿En cual, si las mentes son formas de los cuerpos?
A.- Es que hay por lo menos una mente que no es forma de un cuerpo, la del Dios. Ahí siempre estarán las formas.
P.- ¿Y qué diferencia ves entre esa Mente Divina de la que hablas y mi Mundo de las Ideas?
A.- Quiero decir que las ideas no son objetos fuera de la Mente.
P.- Veamos, dices que sacamos la idea o forma círculo de ver muchos círculos. Pero ¿sacamos por abstracción, entonces, lo que no hay?
A.- No, sacamos lo que hay, formalmente.
P.- Entonces, el círculo, uno y el mismo, ¿está en infinitos sitios a la vez?
A.- Sí, la misma forma está en muchos objetos.
P.- Y ¿crees que la misma, exactamente la misma cosa, por ejemplo, el Círculo, puede estar en diferentes sitios a la vez? ¿Eso te parece más sensato que decir que lo que hay en diferentes sitios son sólo copias del mismo único ser, el Círculo en sí mismo?
A.- Pero ¿qué sentido tiene decir que existe algo que no está en ningún sitio?
P.- Bueno, yo digo que las Ideas están en sí mismas, en su propia realidad, como debe pasarle a este mundo físico tuyo ¿no? Pero, dime, ¿ese Dios del que hablas, tiene un conocimiento perfecto de las cosas?
A.- Perfectísimo.
P.- Y ¿las piensa como cambiantes y materiales?
A.- No, claro… porque él mismo no cambia.
P.- ¿Las piensa, entonces, eternas e inmutables?
A.- Sí.
P.- O sea, su pensamiento es perfecto, y piensa las cosas como eternas e inmutables, luego las cosas son, en verdad, así, eternas e inmutables, y somos nosotros, mentes imperfectas, las que lo vemos de manera cambiante ¿no se deduce eso?
A.- Sí parece.
P.- Y ¿qué es esa materia que dices tú que se mezcla con las formas?
A.- En sí misma no es nada, porque puede ser cualquier cosa.
P.- O sea, no tiene ninguna propiedad, pero ¿existe?
A.- No, no existe separada de la forma.
P.- Y ¿cómo la conoces?
A.- Porque veo que el cambio no se puede reducir a puras ideas estáticas.
P.- Pero ¿no tienes de la propia materia una Idea, la que yo he llamado Idea de Lugar, vacía y homogénea por todas partes?
A.- Sí.
P.- O sea, que si mezclas las otras Ideas con la Idea de Lugar ¿no tienes ya todas las cosas que ves?
A.- Puede ser, pero sigo diciendo que las ideas son estáticas, sin movimiento.
P.- Y ¿percibes tú el movimiento, o sólo Ideas en diferentes mezclas?
A.- No estoy seguro, maestro. Veo que el asunto es más difícil, y que podría haber estado otros veintitantos años en tu escuela…
P.- Los humanos tenemos un conocimiento incierto. Sigue intentando defender ese camino que has tomado, porque creo que tiene mucho a su favor.
A.- Gracias, maestro. Pero mejor sería que lo defendieras tú mismo.
P.- Yo soy un místico, y prefiero creer en mi mundo perfecto y en que todo lo demás es una ilusión. Tú tienes los pies más en el suelo. Esa teoría te pertenece por derecho propio.

martes, 18 de enero de 2011

Evolución ¿de las especies?

Espelunca.- Oye, Antronia, tú que eres experta en esto, dime ¿crees que evolucionan las especies?

Antronia.- Claro que sí ¿ahora te enteras?

Espe.- No, si lo sé. Pero lo que me extraña es lo que parece dar a entender el enunciado típico de la teoría biológica (que yo acepto, claro): la evolución de las especies.

Antronia.- Así es. La vida apareció en la tierra en forma muy simple y se ha ido volviendo más compleja mediante dos factores principales, la mutación genética y la selección ambiental.

Espe.- Pero, bueno, pensándolo bien, esa teoría no puede significar literalmente que son las especies las que evolucionan, ¿no?

Antronia.- ¿Por qué no?

Espe.- Por ejemplo, no fue la especie Mamut la que evolucionó a Elefante, o cierta especie de reptil la que se convirtió en la especie de primer Ave, o el homo erectus el que se convirtió en homo sapiens… Lo que pasó, creo yo, es que nació, de madre Mamut, un individuo que no tenía las mismas características que su madre, lo que le mereció otro nombre, de otra especie.

Antronia.- Claro, ¿y qué quieres decir con eso?

Espe.- Los mamuts desaparecieron luego, pero la especie Mamut es la misma de siempre, no se convirtió en la especie Elefante. Si ahora, por clonación o como fuese, volviese a haber mamuts, pertenecerían a la misma especie. Date cuenta de que, si fuese la especie misma (Mamut, o Reptil, u Homo erectus) la que hubiese evolucionado, no habría que cambiarle el nombre, sería ella misma...

Antronia.- Bueno, sí, un mamut es un mamut, y un elefante es un elefante.

Espe.- Esto es lo mismo que decir que cuando un objeto pequeño se hace grande o un objeto frío se calienta, no son las especies Pequeño y Frío las que evolucionan a Grande o Caliente. ¿Estás de acuerdo?

Antronia.- Es raro, pero… sí, no tengo inconveniente en aceptar eso. ¿Y qué?

Espe.- Un profe mío decía que la teoría de la evolución iba directamente contra la teoría de Aristóteles, de que las especies son eternas. Pero yo no lo veo claro. Creo que lo que dice la teoría de la historia de la vida es que los elefantes no aparecieron hasta hace unos millones de años, debido a ciertas mutaciones genéticas, que determinan lo que es cada individuo, y a qué especie pertenece.

Antronia.- Eso es lo que dice la teoría, ni más ni menos.

Espe.- Pero esto no significa que sean las especies mismas las que cambien, sólo significa que en ciertos tiempos existen cosas de una especie y en otros tiempos, de otra. Si quisieran decir que Aristóteles se equivocaba al pensar que había habido elefantes desde siempre, estoy de acuerdo. Eso es una teoría científica. Pero algunos quieren sacar de aquí la teoría filosófica de que las Formas o Especies intemporales no existen, porque todo nace.

Antronia.- Bueno, si así te quedas más tranquila…

Espe.- Pero… si no son las especies las que evolucionan ¿qué es lo que cambia?

Antronia.- Los individuos.

Espe.- Tampoco, creo yo. Los individuos son especies en pequeño. Yo creo que es la materia, o la energía universal, de la que hablan los científicos, la que cambia, pasando de una forma a otra. No las propias formas. Por ejemplo, si pasa de haber dos a tres cosas, es la materia, no el dos o el tres, la que cambia. Entonces, digo yo, en cierto modo se puede decir que todo lo que está pasando estaba preescrito, y que lo único que hay de nuevo es que aparece.

Antronia.- ¿Cómo dices?

Espe.- Lo que quiero decir es que, el cambio de la materia, se debe a que “obedece”, como soléis decir los científicos, a las leyes de la naturaleza. Si las leyes del universo fuesen distintas, habría otros seres, o ninguno.

Antronia.- Desde luego, con muy poco que cambiasen las constantes universales.

Espe.- Así que hay las cosas que hay porque la materia o energía está regida por las leyes que tiene. Luego, en cierto modo, nada surge de la nada, nada es nuevo en sentido absoluto, sino que todo está predeterminado, como nos pasa a nosotros con nuestros genes.

Antronia.- Vale.

Espe.- Pero a veces utilizáis expresiones como que las cosas surgen por azar, o del caos… como si saliesen de la nada. Y esto me crea mucha confusión, y creo que a la gente y a vosotros mismos, también.

Antronia.- Puede ser.

Espe.- ¿Entonces crees que la teoría de la evolución de la materia entra en conflicto con la teoría de la universalidad de las especies o formas?

Antronia.- Puede que no, tendré que pensarlo más detenidamente.

Espe.- Otro día me gustaría que me dijeses que piensas de lo siguiente: ¿crees que entra en conflicto, la teoría de la evolución, con su azar de mutaciones y su selección, con la idea de que el mundo tiene algún propósito inteligente?

Antronia.- Muy bien, otro día. Pero todas esas cuestiones que tú planteas, Espe, yo, como científica, no me las suelo plantear, así que no esperes que las tenga muy claras.

¿Qué opinas tú?

viernes, 26 de noviembre de 2010

Platón y Aristóteles se encuentran en el limbo (reedición)

P.- Hola, viejo alumno.
A.- Hola, maestro siempre joven.
P.- He oído que defiendes una teoría diferente a la mía, y que reniegas de mis ideas sobre el mundo de las ideas.
A.- Sí, maestro, lo siento. Hago caso a mi mente.
P.- Me parece muy bien. Eso demuestra que eres sabio, o llegarás a serlo. Y ¿qué pegas le encuentras a lo que pienso? ¿No estás de acuerdo con que hay Ideas, inmutables y universales, que no son fenómenos físicos y materiales?
A.- No es eso, maestro. Estoy del todo de acuerdo contigo en que los materialistas se equivocan, y no nos dicen de dónde salen las ideas universales, porque no las pueden sacar de la materia. La materia es informe, sin ninguna característica propia, así que no puede darse ni a sí misma las formas que adopta a cada rato.
P.- Muy bien, ¿entonces?
A.- Pero creo que quizás tú cometes el error contrario, al negar completamente lo material. ¿No dices que este mundo es sólo una ilusión, un reflejo, un sueño?
P.- Eso es. El mundo material es irracional, porque es y no es lo mismo a cada rato.
A.- Pero existe, creo yo. Tú no nos has explicado nunca cómo se produce esa ilusión. P.- Es una caída del alma, un olvido de la verdad.
A.- Y ¿por qué se olvidó el alma? Si todo fuese perfecto, como dices, no se produciría esa ilusión. Yo creo que el mundo no es una ilusión, sino algo real. Y no ganamos nada negándolo. Para explicar el cambio, creo yo, hay que aceptar que existen cosas inmutables, las formas, como las llamo yo, y algo mutable, como la materia, que coge unas formas y suelta otras. Tú tienes razón en que la forma es lo más importante, y hasta creo que existe una forma separada, el Dios, causa de todos los demás cambios pero inmutable él mismo. Pero te equivocas, creo, en que las formas existen separadas de la materia. Las formas son un aspecto de las cosas, y sólo las separa la mente. ¿No has confundido algo lógico con algo real? Corrígeme si estoy equivocado, maestro.
P.- Muchacho, siempre creí que tendrías tu propio pensamiento. Quizás tienes razón. Pero, dime: ¿las formas no existen, pues?
A.- No, no de manera independiente. Son aspectos de las cosas. ¿De qué sirve decir que todo está duplicado en otro mundo?
P.- O sea, que el círculo no existe fuera de los objetos circulares que hay en la naturaleza, esos que siempre cambian y nunca son perfectamente lo que son.
A.- Bueno, la forma del círculo está también en la mente, cuando lo separamos de la materia, por abstracción.
P.- ¿Y la mente si existe, es algo real?
A.- La mente es, también ella, un aspecto de ciertos seres, los inteligentes. Pero la mente no es una cosa independiente por sí misma, es una forma. No se puede separar, por lo menos la parte con la que percibimos el mundo, y la memoria y la imaginación.
P.- Muy bien. Entonces, si desapareciesen los objetos físicos, y las mentes que piensan, ¿el círculo dejaría de ser lo que es, según tú?
A.- El mundo nunca va a dejar de existir, porque nada puede destruirlo, ya que su movimiento circular es perfecto.
P.- Aunque fuese así, creo que puede imaginarse que desapareciese, o no hubiese existido. ¿Qué pasaría entonces con el círculo?
A.- Bueno, aún estaría en la mente.
P.- ¿En cual, si las mentes son formas de los cuerpos?
A.- Es que hay por lo menos una mente que no es forma de un cuerpo, la del Dios. Ahí siempre estarán las formas.
P.- ¿Y qué diferencia ves entre esa Mente Divina de la que hablas y mi Mundo de las Ideas?
A.- Quiero decir que las ideas no son objetos fuera de la Mente.
P.- Veamos, dices que sacamos la idea o forma círculo de ver muchos círculos. Pero ¿sacamos por abstracción, entonces, lo que no hay?
A.- No, sacamos lo que hay, formalmente.
P.- Entonces, el círculo, uno y el mismo, ¿está en infinitos sitios a la vez?
A.- Sí, la misma forma está en muchos objetos.
P.- Y ¿crees que la misma, exactamente la misma cosa, por ejemplo, el Círculo, puede estar en diferentes sitios a la vez? ¿Eso te parece más sensato que decir que lo que hay en diferentes sitios son sólo copias del mismo único ser, el Círculo en sí mismo?
A.- Pero ¿qué sentido tiene decir que existe algo que no está en ningún sitio?
P.- Bueno, yo digo que las Ideas están en sí mismas, en su propia realidad, como debe pasarle a este mundo físico tuyo ¿no? Pero, dime, ¿ese Dios del que hablas, tiene un conocimiento perfecto de las cosas?
A.- Perfectísimo.
P.- Y ¿las piensa como cambiantes y materiales?
A.- No, claro… porque él mismo no cambia.
P.- ¿Las piensa, entonces, eternas e inmutables?
A.- Sí.
P.- O sea, su pensamiento es perfecto, y piensa las cosas como eternas e inmutables, luego las cosas son, en verdad, así, eternas e inmutables, y somos nosotros, mentes imperfectas, las que lo vemos de manera cambiante ¿no se deduce eso?
A.- Sí parece.
P.- Y ¿qué es esa materia que dices tú que se mezcla con las formas?
A.- En sí misma no es nada, porque puede ser cualquier cosa.
P.- O sea, no tiene ninguna propiedad, pero ¿existe?
A.- No, no existe separada de la forma.
P.- Y ¿cómo la conoces?
A.- Porque veo que el cambio no se puede reducir a puras ideas estáticas.
P.- Pero ¿no tienes de la propia materia una Idea, la que yo he llamado Idea de Lugar, vacía y homogénea por todas partes?
A.- Sí.
P.- O sea, que si mezclas las otras Ideas con la Idea de Lugar ¿no tienes ya todas las cosas que ves?
A.- Puede ser, pero sigo diciendo que las ideas son estáticas, sin movimiento.
P.- Y ¿percibes tú el movimiento, o sólo Ideas en diferentes mezclas?
A.- No estoy seguro, maestro. Veo que el asunto es más difícil, y que podría haber estado otros veintitantos años en tu escuela…
P.- Los humanos tenemos un conocimiento incierto. Sigue intentando defender ese camino que has tomado, porque creo que tiene mucho a su favor.
A.- Gracias, maestro. Pero mejor sería que lo defendieras tú mismo.
P.- Yo soy un místico, y prefiero creer en mi mundo perfecto y en que todo lo demás es una ilusión. Tú tienes los pies más en el suelo. Esa teoría te pertenece por derecho propio.

lunes, 18 de enero de 2010

Evolución ¿de las especies?

Espelunca.- Oye, Antronia, tú que eres experta en esto, dime ¿crees que evolucionan las especies?

Antronia.- Claro que sí ¿ahora te enteras?

Espe.- No, si lo sé. Pero lo que me extraña es lo que parece dar a entender el enunciado típico de la teoría biológica (que yo acepto, claro): la evolución de las especies.


Antronia.- Así es. La vida apareció en la tierra en forma muy simple y se ha ido volviendo más compleja mediante dos factores principales, la mutación genética y la selección ambiental.

Espe.- Pero, bueno, pensándolo bien, esa teoría no puede significar literalmente que son las especies las que evolucionan, ¿no?

Antronia.- ¿Por qué no?


Espe.- Por ejemplo, no fue la especie Mamut la que evolucionó a Elefante, o cierta especie de reptil la que se convirtió en la especie de primer Ave, o el homo erectus el que se convirtió en homo sapiens… Lo que pasó, creo yo, es que nació, de madre Mamut, un individuo que no tenía las mismas características que su madre, lo que le mereció otro nombre, de otra especie.

Antronia.- Claro, ¿y qué quieres decir con eso?

Espe.- Los mamuts desaparecieron luego, pero la especie Mamut es la misma de siempre, no se convirtió en la especie Elefante. Si ahora, por clonación o como fuese, volviese a haber mamuts, pertenecerían a la misma especie. Date cuenta de que, si fuese la especie misma (Mamut, o Reptil, u Homo erectus) la que hubiese evolucionado, no habría que cambiarle el nombre, sería ella misma...

Antronia.- Bueno, sí, un mamut es un mamut, y un elefante es un elefante.

Espe.- Esto es lo mismo que decir que cuando un objeto pequeño se hace grande o un objeto frío se calienta, no son las especies Pequeño y Frío las que evolucionan a Grande o Caliente. ¿Estás de acuerdo?


Antronia.- Es raro, pero… sí, no tengo inconveniente en aceptar eso. ¿Y qué?

Espe.- Un profe mío decía que la teoría de la evolución iba directamente contra la teoría de Aristóteles, de que las especies son eternas. Pero yo no lo veo claro. Creo que lo que dice la teoría de la historia de la vida es que los elefantes no aparecieron hasta hace unos millones de años, debido a ciertas mutaciones genéticas, que determinan lo que es cada individuo, y a qué especie pertenece.

Antronia.- Eso es lo que dice la teoría, ni más ni menos.

Espe.- Pero esto no significa que sean las especies mismas las que cambien, sólo significa que en ciertos tiempos existen cosas de una especie y en otros tiempos, de otra. Si quisieran decir que Aristóteles se equivocaba al pensar que había habido elefantes desde siempre, estoy de acuerdo. Eso es una teoría científica. Pero algunos quieren sacar de aquí la teoría filosófica de que las Formas o Especies intemporales no existen, porque todo nace.

Antronia.- Bueno, si así te quedas más tranquila…

Espe.- Pero… si no son las especies las que evolucionan ¿qué es lo que cambia?

Antronia.- Los individuos.


Espe.- Tampoco, creo yo. Los individuos son especies en pequeño. Yo creo que es la materia, o la energía universal, de la que hablan los científicos, la que cambia, pasando de una forma a otra. No las propias formas. Por ejemplo, si pasa de haber dos a tres cosas, es la materia, no el dos o el tres, la que cambia. Entonces, digo yo, en cierto modo se puede decir que todo lo que está pasando estaba preescrito, y que lo único que hay de nuevo es que aparece.

Antronia.- ¿Cómo dices?

Espe.- Lo que quiero decir es que, el cambio de la materia, se debe a que “obedece”, como soléis decir los científicos, a las leyes de la naturaleza. Si las leyes del universo fuesen distintas, habría otros seres, o ninguno.

Antronia.- Desde luego, con muy poco que cambiasen las constantes universales.

Espe.- Así que hay las cosas que hay porque la materia o energía está regida por las leyes que tiene. Luego, en cierto modo, nada surge de la nada, nada es nuevo en sentido absoluto, sino que todo está predeterminado, como nos pasa a nosotros con nuestros genes.

Antronia.- Vale.

Espe.- Pero a veces utilizáis expresiones como que las cosas surgen por azar, o del caos… como si saliesen de la nada. Y esto me crea mucha confusión, y creo que a la gente y a vosotros mismos, también.

Antronia.- Puede ser.

Espe.- ¿Entonces crees que la teoría de la evolución de la materia entra en conflicto con la teoría de la universalidad de las especies o formas?

Antronia.- Puede que no, tendré que pensarlo más detenidamente.

Espe.- Otro día me gustaría que me dijeses que piensas de lo siguiente: ¿crees que entra en conflicto, la teoría de la evolución, con su azar de mutaciones y su selección, con la idea de que el mundo tiene algún propósito inteligente?

Antronia.- Muy bien, otro día. Pero todas esas cuestiones que tú planteas, Espe, yo, como científica, no me las suelo plantear, así que no esperes que las tenga muy claras.

¿Qué opinas tú?

jueves, 19 de noviembre de 2009

Platón y Aristóteles se encuentran en el limbo

P.- Hola, viejo alumno.
A.- Hola, maestro siempre joven.
P.- He oído que defiendes una teoría diferente a la mía, y que reniegas de mis ideas sobre el mundo de las ideas.
A.- Sí, maestro, lo siento. Hago caso a mi mente.
P.- Me parece muy bien. Eso demuestra que eres sabio, o llegarás a serlo. Y ¿qué pegas le encuentras a lo que pienso? ¿No estás de acuerdo con que hay Ideas, inmutables y universales, que no son fenómenos físicos y materiales?
A.- No es eso, maestro. Estoy del todo de acuerdo contigo en que los materialistas se equivocan, y no nos dicen de dónde salen las ideas universales, porque no las pueden sacar de la materia. La materia es informe, sin ninguna característica propia, así que no puede darse ni a sí misma las formas que adopta a cada rato.
P.- Muy bien, ¿entonces?
A.- Pero creo que quizás tú cometes el error contrario, al negar completamente lo material. ¿No dices que este mundo es sólo una ilusión, un reflejo, un sueño?
P.- Eso es. El mundo material es irracional, porque es y no es lo mismo a cada rato.
A.- Pero existe, creo yo. Tú no nos has explicado nunca cómo se produce esa ilusión. P.- Es una caída del alma, un olvido de la verdad.
A.- Y ¿por qué se olvidó el alma? Si todo fuese perfecto, como dices, no se produciría esa ilusión. Yo creo que el mundo no es una ilusión, sino algo real. Y no ganamos nada negándolo. Para explicar el cambio, creo yo, hay que aceptar que existen cosas inmutables, las formas, como las llamo yo, y algo mutable, como la materia, que coge unas formas y suelta otras. Tú tienes razón en que la forma es lo más importante, y hasta creo que existe una forma separada, el Dios, causa de todos los demás cambios pero inmutable él mismo. Pero te equivocas, creo, en que las formas existen separadas de la materia. Las formas son un aspecto de las cosas, y sólo las separa la mente. ¿No has confundido algo lógico con algo real? Corrígeme si estoy equivocado, maestro.
P.- Muchacho, siempre creí que tendrías tu propio pensamiento. Quizás tienes razón. Pero, dime: ¿las formas no existen, pues?
A.- No, no de manera independiente. Son aspectos de las cosas. ¿De qué sirve decir que todo está duplicado en otro mundo?
P.- O sea, que el círculo no existe fuera de los objetos circulares que hay en la naturaleza, esos que siempre cambian y nunca son perfectamente lo que son.
A.- Bueno, la forma del círculo está también en la mente, cuando lo separamos de la materia, por abstracción.
P.- ¿Y la mente si existe, es algo real?
A.- La mente es, también ella, un aspecto de ciertos seres, los inteligentes. Pero la mente no es una cosa independiente por sí misma, es una forma. No se puede separar, por lo menos la parte con la que percibimos el mundo, y la memoria y la imaginación.
P.- Muy bien. Entonces, si desapareciesen los objetos físicos, y las mentes que piensan, ¿el círculo dejaría de ser lo que es, según tú?
A.- El mundo nunca va a dejar de existir, porque nada puede destruirlo, ya que su movimiento circular es perfecto.
P.- Aunque fuese así, creo que puede imaginarse que desapareciese, o no hubiese existido. ¿Qué pasaría entonces con el círculo?
A.- Bueno, aún estaría en la mente.
P.- ¿En cual, si las mentes son formas de los cuerpos?
A.- Es que hay por lo menos una mente que no es forma de un cuerpo, la del Dios. Ahí siempre estarán las formas.
P.- ¿Y qué diferencia ves entre esa Mente Divina de la que hablas y mi Mundo de las Ideas?
A.- Quiero decir que las ideas no son objetos fuera de la Mente.
P.- Veamos, dices que sacamos la idea o forma círculo de ver muchos círculos. Pero ¿sacamos por abstracción, entonces, lo que no hay?
A.- No, sacamos lo que hay, formalmente.
P.- Entonces, el círculo, uno y el mismo, ¿está en infinitos sitios a la vez?
A.- Sí, la misma forma está en muchos objetos.
P.- Y ¿crees que la misma, exactamente la misma cosa, por ejemplo, el Círculo, puede estar en diferentes sitios a la vez? ¿Eso te parece más sensato que decir que lo que hay en diferentes sitios son sólo copias del mismo único ser, el Círculo en sí mismo?
A.- Pero ¿qué sentido tiene decir que existe algo que no está en ningún sitio?
P.- Bueno, yo digo que las Ideas están en sí mismas, en su propia realidad, como debe pasarle a este mundo físico tuyo ¿no? Pero, dime, ¿ese Dios del que hablas, tiene un conocimiento perfecto de las cosas?
A.- Perfectísimo.
P.- Y ¿las piensa como cambiantes y materiales?
A.- No, claro… porque él mismo no cambia.
P.- ¿Las piensa, entonces, eternas e inmutables?
A.- Sí.
P.- O sea, su pensamiento es perfecto, y piensa las cosas como eternas e inmutables, luego las cosas son, en verdad, así, eternas e inmutables, y somos nosotros, mentes imperfectas, las que lo vemos de manera cambiante ¿no se deduce eso?
A.- Sí parece.
P.- Y ¿qué es esa materia que dices tú que se mezcla con las formas?
A.- En sí misma no es nada, porque puede ser cualquier cosa.
P.- O sea, no tiene ninguna propiedad, pero ¿existe?
A.- No, no existe separada de la forma.
P.- Y ¿cómo la conoces?
A.- Porque veo que el cambio no se puede reducir a puras ideas estáticas.
P.- Pero ¿no tienes de la propia materia una Idea, la que yo he llamado Idea de Lugar, vacía y homogénea por todas partes?
A.- Sí.
P.- O sea, que si mezclas las otras Ideas con la Idea de Lugar ¿no tienes ya todas las cosas que ves?
A.- Puede ser, pero sigo diciendo que las ideas son estáticas, sin movimiento.
P.- Y ¿percibes tú el movimiento, o sólo Ideas en diferentes mezclas?
A.- No estoy seguro, maestro. Veo que el asunto es más difícil, y que podría haber estado otros veintitantos años en tu escuela…
P.- Los humanos tenemos un conocimiento incierto. Sigue intentando defender ese camino que has tomado, porque creo que tiene mucho a su favor.
A.- Gracias, maestro. Pero mejor sería que lo defendieras tú mismo.
P.- Yo soy un místico, y prefiero creer en mi mundo perfecto y en que todo lo demás es una ilusión. Tú tienes los pies más en el suelo. Esa teoría te pertenece por derecho propio.