-No des a la enseñanza una forma que les obligue a aprender por la fuerza.
-¿Por qué?
-Porque no hay ninguna disciplina que deba aprender el hombre libre por medio de la esclavitud. El alma no conserva ningún conocimiento que haya entrado en ella por la fuerza.
-Cierto.
-No emplees, pues, la fuerza, mi buen amigo, para instruir a los niños; que se eduquen jugando, y así podrás también conocer mejor para qué está dotado cada uno de ellos.

(Platón)



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jueves, 18 de octubre de 2012

Cada uno es lo que es, pero ¿qué? (conversación inesencial)


Covadonga.- Hola, Mari Re.
Maria Refugia.- Hola, Cova ¿qué tal?
C.- Vas a ser tú la primera en saberlo.
M. R.- ¿El qué?
C.- Voy a hacerme budista… creo (todavía no me he decidido del todo).
M. R.- ¿Budista? ¿Te vas a dejar la cabeza como una bombilla?
C.- Puede ser.
M. R.- ¿Y eso? ¿Por qué te ha dado por ahí?
C.- Sabes que está en mi casa, de intercambio de vacaciones, un muchacho de cavernistán, ¿no?
M. R.- Eso he oído.
C.- Pues me está contando cosas de sus creencias y la verdad es que me molan.
M. R.- ¡Qué colgada estás, tía!
C.- ¿Sabes lo que dice Buda?
M. R.- ¡Pues claro que no! ¡No conozco mi religión, que es la verdadera, y voy a conocer una de culistán! ¿no te digo?
C.- No seas burra. Mira, Buda decía que todos los problemas vienen del egoísmo.
M. R.- Pues mi abuela dice que un poco de egoísmo hay que tener…
C.- Y dice que el egoísmo viene de la ignorancia, de que te crees que eres algo y la verdad es que no eres nada…
M. R.- ¡Nada lo serás tú! ¡Yo sí que soy algo!
C.- ¿Sí? Pues déjate de cachondeo y dime qué eres tú, o sea, cuál es tu esencia, eso que no puede cambiar en ti sin que dejes de ser tú.
M. R.- ¿Qué me deje yo de cachondeo, y me haces esas preguntas? Pues mira, yo soy una chica caverniana, alegre, simpática, guapa…
C.- ¡Para, para! ¿A ver? ¿Eres una chica? ¿Y si te cambias de sexo, dejas de ser tú?
M. R.- Mujer, pues un poco sí, o hasta bastante.
C.- Pues los que se cambian de sexo no dejan de creer que son ellos mismos… ¿Qué más? ¿Alegre? ¿Entonces cuando estás triste no eres tú? ¿Guapa? Aparte de que te regalaré un espejo mañana… ¿qué pasa si te cambia la cara y no hay quien te reconozca? ¿No serás tú?
M. R.- Déjate de rollos. Vamos a ver: sólo yo tengo mis recuerdos, nadie sabe lo que yo sé de mí, ¿sí o no?
C.- Pues no… Mira, hace muchos años no tenías los mismos recuerdos, y eras tú misma. Luego has ido cogiendo unos y soltando otros… Y, escucha, ¿qué pasaría si en un accidente (Dios… quiero decir, Buda no lo quiera) se te olvida todo lo que recuerdas? ¿Serías tú o no? ¿Y si te conviertes en un pájaro?
M. R.- ¿En un pájaro? ¡Pájaro el Buda ese! ¿A dónde quieres ir a parar?
C.- Pues lo que dice Buda es que, si te paras a pensarlo, eres nada de nada de nada. Y no sólo tú, sino todo, todo y todo. Y si te das cuenta de esto dejarás de ser egoísta.
M. R.- Sí, claro, y dejarás de tener cabeza ¿no te joroba? Te ha dado el mismo mal que a Espelunca.
C.- ¿Te has parado a pensar, como dice Espe, si todo esto es un sueño, o somos personajes que ha creado alguien y nos maneja y nos imagina como quiere?
M. R.- Pues si nos está imaginando alguien, está claro que tiene que ser un profe de cavernisofía, porque no es normal que nos rayemos tanto como nos rayamos, siendo unos pobres cavernianos.
C.- Vale, pero cuando lo sepas me dices CUÁL ES TU ESENCIA. Y tú, también.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Cada uno es lo que es... pero ¿qué? (Cuestiones ontológicas)

(Conversación inesencial)


Covadonga.- Hola, Mari Re.
Maria Refugia.- Hola, Cova ¿qué tal?
C.- Vas a ser tú la primera en saberlo.
M. R.- ¿El qué?
C.- Voy a hacerme budista… creo (todavía no me he decidido del todo).
M. R.- ¿Budista? ¿Te vas a dejar la cabeza como una bombilla?
C.- Puede ser.
M. R.- ¿Y eso? ¿Por qué te ha dado por ahí?
C.- Sabes que está en mi casa, de intercambio de vacaciones, un muchacho de cavernistán, ¿no?
M. R.- Eso he oído.
C.- Pues me está contando cosas de sus creencias y la verdad es que me molan.
M. R.- ¡Qué colgada estás, tía!
C.- ¿Sabes lo que dice Buda?
M. R.- ¡Pues claro que no! ¡No conozco mi religión, que es la verdadera, y voy a conocer una de culistán! ¿no te digo?
C.- No seas burra. Mira, Buda decía que todos los problemas vienen del egoísmo.
M. R.- Pues mi abuela dice que un poco de egoísmo hay que tener…
C.- Y dice que el egoísmo viene de la ignorancia, de que te crees que eres algo y la verdad es que no eres nada…
M. R.- ¡Nada lo serás tú! ¡Yo sí que soy algo!
C.- ¿Sí? Pues déjate de cachondeo y dime qué eres tú, o sea, cuál es tu esencia, eso que no puede cambiar en ti sin que dejes de ser tú.
M. R.- ¿Qué me deje yo de cachondeo, y me haces esas preguntas? Pues mira, yo soy una chica caverniana, alegre, simpática, guapa…
C.- ¡Para, para! ¿A ver? ¿Eres una chica? ¿Y si te cambias de sexo, dejas de ser tú?
M. R.- Mujer, pues un poco sí, o hasta bastante.
C.- Pues los que se cambian de sexo no dejan de creer que son ellos mismos… ¿Qué más? ¿Alegre? ¿Entonces cuando estás triste no eres tú? ¿Guapa? Aparte de que te regalaré un espejo mañana… ¿qué pasa si te cambia la cara y no hay quien te reconozca? ¿No serás tú?
M. R.- Déjate de rollos. Vamos a ver: sólo yo tengo mis recuerdos, nadie sabe lo que yo sé de mí, ¿sí o no?
C.- Pues no… Mira, hace muchos años no tenías los mismos recuerdos, y eras tú misma. Luego has ido cogiendo unos y soltando otros… Y, escucha, ¿qué pasaría si en un accidente (Dios… quiero decir, Buda no lo quiera) se te olvida todo lo que recuerdas? ¿Serías tú o no? ¿Y si te conviertes en un pájaro?
M. R.- ¿En un pájaro? ¡Pájaro el Buda ese! ¿A dónde quieres ir a parar?
C.- Pues lo que dice Buda es que, si te paras a pensarlo, eres nada de nada de nada. Y no sólo tú, sino todo, todo y todo. Y si te das cuenta de esto dejarás de ser egoísta.
M. R.- Sí, claro, y dejarás de tener cabeza ¿no te joroba? Te ha dado el mismo mal que a Espelunca.
C.- ¿Te has parado a pensar, como dice Espe, si todo esto es un sueño, o somos personajes que ha creado alguien y nos maneja y nos imagina como quiere?
M. R.- Pues si nos está imaginando alguien, está claro que tiene que ser un profe de cavernisofía, porque no es normal que nos rayemos tanto como nos rayamos, siendo unos pobres cavernianos.



C.- Vale, pero cuando lo sepas me dices CUÁL ES TU ESENCIA. Y tú, también.

sábado, 23 de octubre de 2010

Cada uno es lo que es, pero ¿qué? (reedición)

(Conversación inesencial)


Covadonga.- Hola, Mari Re.
Maria Refugia.- Hola, Cova ¿qué tal?
C.- Vas a ser tú la primera en saberlo.
M. R.- ¿El qué?
C.- Voy a hacerme budista… creo (todavía no me he decidido del todo).
M. R.- ¿Budista? ¿Te vas a dejar la cabeza como una bombilla?
C.- Puede ser.
M. R.- ¿Y eso? ¿Por qué te ha dado por ahí?
C.- Sabes que está en mi casa, de intercambio de vacaciones, un muchacho de cavernistán, ¿no?
M. R.- Eso he oído.
C.- Pues me está contando cosas de sus creencias y la verdad es que me molan.
M. R.- ¡Qué colgada estás, tía!
C.- ¿Sabes lo que dice Buda?
M. R.- ¡Pues claro que no! ¡No conozco mi religión, que es la verdadera, y voy a conocer una de culistán! ¿no te digo?
C.- No seas burra. Mira, Buda decía que todos los problemas vienen del egoísmo.
M. R.- Pues mi abuela dice que un poco de egoísmo hay que tener…
C.- Y dice que el egoísmo viene de la ignorancia, de que te crees que eres algo y la verdad es que no eres nada…
M. R.- ¡Nada lo serás tú! ¡Yo sí que soy algo!
C.- ¿Sí? Pues déjate de cachondeo y dime qué eres tú, o sea, cuál es tu esencia, eso que no puede cambiar en ti sin que dejes de ser tú.
M. R.- ¿Qué me deje yo de cachondeo, y me haces esas preguntas? Pues mira, yo soy una chica caverniana, alegre, simpática, guapa…
C.- ¡Para, para! ¿A ver? ¿Eres una chica? ¿Y si te cambias de sexo, dejas de ser tú?
M. R.- Mujer, pues un poco sí, o hasta bastante.
C.- Pues los que se cambian de sexo no dejan de creer que son ellos mismos… ¿Qué más? ¿Alegre? ¿Entonces cuando estás triste no eres tú? ¿Guapa? Aparte de que te regalaré un espejo mañana… ¿qué pasa si te cambia la cara y no hay quien te reconozca? ¿No serás tú?
M. R.- Déjate de rollos. Vamos a ver: sólo yo tengo mis recuerdos, nadie sabe lo que yo sé de mí, ¿sí o no?
C.- Pues no… Mira, hace muchos años no tenías los mismos recuerdos, y eras tú misma. Luego has ido cogiendo unos y soltando otros… Y, escucha, ¿qué pasaría si en un accidente (Dios… quiero decir, Buda no lo quiera) se te olvida todo lo que recuerdas? ¿Serías tú o no? ¿Y si te conviertes en un pájaro?
M. R.- ¿En un pájaro? ¡Pájaro el Buda ese! ¿A dónde quieres ir a parar?
C.- Pues lo que dice Buda es que, si te paras a pensarlo, eres nada de nada de nada. Y no sólo tú, sino todo, todo y todo. Y si te das cuenta de esto dejarás de ser egoísta.
M. R.- Sí, claro, y dejarás de tener cabeza ¿no te joroba? Te ha dado el mismo mal que a Espelunca.
C.- ¿Te has parado a pensar, como dice Espe, si todo esto es un sueño, o somos personajes que ha creado alguien y nos maneja y nos imagina como quiere?
M. R.- Pues si nos está imaginando alguien, está claro que tiene que ser un profe de cavernisofía, porque no es normal que nos rayemos tanto como nos rayamos, siendo unos pobres cavernianos.



C.- Vale, pero cuando lo sepas me dices CUÁL ES TU ESENCIA. Y tú, también.

domingo, 1 de agosto de 2010

Pensamiento en verso. III

Un poco de agua



A este copo de nieve

que se posa en mi mano, querría

asergurarle eternidad

haciendo de mi vida, de mi calor,

de mi pasado, de estos días del presente,

un instante simplemente: este instante, sin límites.



Pero ya no es más

que un poco de agua, que se pierde

en la bruma de los cuerpos que van en la nieve.



Ybes Bonnefoy

miércoles, 27 de enero de 2010

Conócete a ti mismo

¿Qué es el Hombre?


-Un alma que, por error, ha caído del cielo y se le ha unido un trozo de materia mortal, que la hace ignorante y sometida a todos los deseos (los platónicos).
- Un ser con dos aspectos, uno espiritual y otro corporal. El espiritual es libre, el corporal es inerte. (Cristianismo, Islam…, Kant…)
-Un ser compuesto de dos sustancias totalmente distintas, Mente y Cuerpo. La Mente, piensa, quiere, siente… El cuerpo, se mueve como un reloj (Descartes).
-Una máquina muy sofisticada o “inteligente”, “programada” por la selección natural para supervivir. (Mecanicismo)
-Un ser totalmente libre, sin esencia, que puede ser lo que él decida, porque la única necesidad que tiene es, precisamente, ser Libre (existencialismo).
-Voluntad de poder, pura Voluntad, que elige su sentido, porque las cosas no tienen sentido en sí mismas (Nietzsche. Similar al existencialismo).
-Nada de nada, vacío que se cree algo (Nihilismo, Budismo…)
-…. (...)




¿Tienes tú otra definición de la esencia del Humano? ¿Compartes alguna de esas? ¿Qué es el Hombre?

lunes, 19 de octubre de 2009

that's the question

( diálogo oscuro)

Genio de la caverna (cavernigenio, quiero decir).- ¡Ay! ¡Que me has pisao!
Tú.- ¡Uy! Perdona, es que aquí hay muy poca luz.
Cavernigenio.- ¿A dónde vas?
Tú.- Pues a mi cueva, a ver la lumbre.
Cavernigenio.- ¡Ah, no no! Esto no se queda así. Me has arrugado la lámpara. Esto te va a costar caro.
Tú.- ¿Cuánto?
Cavernigenio.- Te dejaré elegir a ti. ¿Esencia o existencia?
Tú.- ¿¡Cómo!?
Cavernigenio.- Te doy a elegir una de dos. O serás algo con existencia perenne, pero sin ninguna esencia concreta, o bien tendrás tu esencia, pero sin existir o existiendo muy poquito.
Tú.- ¿Qué quiere decir "sin esencia concreta"?
Cavernigenio.- Pues que un rato serás un trozo de musgo, otro rato una persona, luego un zapato, después una ráfaga de viento húmedo, y así.
Tú.- ¿Elegiré lo que quiero ser en cada momento?
Cavenigenio.- ¡Sí, hombre! Estás loco. Si pudieras elegir tú, entonces tendrías más esencia que yo ¿no te digo? No, no, serás en cada momento lo que quiera… la casualidad.
Tú.- ¿Existir o no existir?... Oye ¿eso no lo dijo un tío famoso?
Cavernigenio.- Sí, Hamlet, príncipe de Dinamarca, mientras miraba una calavera. Pero no dijo eso, sino “ser o no ser”. Y no sé si refería a la existencia o, más bien, a la esencia. De hecho se jugó el pellejo por intentar ser quien era (o quien él creía que era). Pero yo no estoy aquí para darte lecciones de literatura, sino para vengarme, como Hamlet. Así que, ale, elige.
Tú.- Jo, me lo has puesto chungo, y ¡sólo por un pisotón involuntario! ¡qué mal genio!
Cavergenio.- ¡No me mires así, que me ablandas! ¡Venga, vale! Si das la respuesta correcta al acertijo, o sea, si me dices qué habría que elegir, te perdono la existencia,... o la esencia, lo que quieras.
Tú.- (para tus adentros)
¿Qué es menos tonto elegir en este caso (tan tonto en sí mismo)?

miércoles, 14 de octubre de 2009

Más rompecabezas ontológicos

En este recorrido que estamos haciendo por las nociones más básicas de la ontología, tales como ESENCIA, ACCIDENTE, INDIVIDUO o EXISTENCIA (de la que trataremos en próximas entradas), surgen algunas cuestiones que dan que pensar. Por ejemplo:

¿Cuántos seres caben en un lugar?

Cada cosa, en su lugar, dice la voz popular. Claro, que también se van a otro sitio y siguen siendo la misma cosa (yo mismo he conseguido desplazarme hace un momento desde la cocina al portátil). Pero bueno, supongamos que cada cosa está en un lugar EN UN INSTANTE. Por ejemplo, aquí estoy viendo mi mano. Mi mano está aquí. Y ahí, tumbado en el suelo (seguro que dándole vueltas a la ontología) está el gato. ¿El gato? No, me dijo alguien una vez, lo que hay ahí es un montón de moléculas, que te parecen un gato porque las ves desde lejos. (Esta buena persona estaba haciendo la carrera de biología molecular). No, interrumpió otro colega (estudiante de física) lo que hay ahí no es más que un montonazo de partículas cuánticas, electrones, neutrinos… (mencionó algunos más). ¿Cómo? Me pregunté yo, y les pregunté, y os pregunto.

¿Qué es entonces lo que hay aquí? ¿Es un gato o un montón de partículas?

Algunos filósofos, (“reduccionistas” se les llama), dicen que en verdad de verdad sólo hay partículas. Los gatos NO SON MÁS QUE partículas amontonadas. Y claro, lo mismo le pasa a esto que estáis leyendo, que no es un blog ni una entrada, es un montón de partículas. Esto genera muchas dudas y cierto mal rollo, porque, desde luego las partículas no piensan (o no mucho), así que los pensamientos no existen, son apariencias. Por eso hay filósofos antirreduccionistas (unos más que otros), que dicen que claro que existen los gatos, en sí mismos. Pero eso implica, parece, que en el mismo sitio hay dos cosas al mismo tiempo (o más: moléculas, cerebros, deseos, intenciones…)

Otro problema ontológico es el de cuál es el “principio de individuación”:

¿Son dos bolas de billar completamente idénticas, y lo único que las diferencia es que una está aquí y la otra allí?

Dos bolas de billar desde luego que no, por muy buena fabricación que tengan. Pero los científicos dicen que sí que son iguales dos electrones (o más bien, todos los electrones): nada los distingue más que estar en un sitio o en otro. Y lo mismo pasa con cualquier partícula.
Algunos filósofos (sobre todo los seguidores de Aristóteles) decían que eso pasa con cualquier especie: los individuos de una misma especie (dos ovejas, dos humanos…) sólo se diferencian por la materia, porque la forma o estructura o esencia es la misma en todos los individuos de la misma especie. Pero otros filósofos (¡cómo no!) no estaban de acuerdo, sino que decían que cada ser tiene sus propias características estructurales, y se distinguen por algo más que por el lugar o cacho de materia que tienen. ¿Quiénes tendrán razón en este problema del principio de individuación?

Veamos. Imaginemos un mundo donde todos los átomos (pongamos, para simplificar, que hay sólo un tipo de partículas últimas) están a la misma “distancia” unos de otros. Como todos son idénticos y están a la misma distancia no podría haber ningún tipo de orientación en ese mundo. Todo sería homogéneo, igual por todas partes. Desde luego que el mundo no es así ¿no? De hecho no tiene mucho sentido hablar de un átomo concreto sin tener en cuenta su relación con los demás. Por decirlo como lo dijo un filósofo español, Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Así que no tiene mucho sentido separar a un ser de su lugar, aunque es verdad que un ser puede cambiar de lugar. Algunos filósofos (por ejemplo Leibniz) afirmaban que el lugar (el espacio) no es nada real, es una abstracción nuestra, creada porque no conocemos las diferencias exactas y las relaciones que constituyen a cada cosa.

En fin, ¿crees que dos cosas pueden ser totalmente idénticas en todo, salvo en que una esté en un lugar y otra en otro?

jueves, 1 de octubre de 2009

Cada uno es lo que es, pero ¿qué?

(Conversación inesencial)


Covadonga.- Hola, Mari Re.
Maria Refugia.- Hola, Cova ¿qué tal?
C.- Vas a ser tú la primera en saberlo.
M. R.- ¿El qué?
C.- Voy a hacerme budista… creo (todavía no me he decidido del todo).
M. R.- ¿Budista? ¿Te vas a dejar la cabeza como una bombilla?
C.- Puede ser.
M. R.- ¿Y eso? ¿Por qué te ha dado por ahí?
C.- Sabes que está en mi casa, de intercambio de vacaciones, un muchacho de cavernistán, ¿no?
M. R.- Eso he oído.
C.- Pues me está contando cosas de sus creencias y la verdad es que me molan.
M. R.- ¡Qué colgada estás, tía!
C.- ¿Sabes lo que dice Buda?
M. R.- ¡Pues claro que no! ¡No conozco mi religión, que es la verdadera, y voy a conocer una de culistán! ¿no te digo?
C.- No seas burra. Mira, Buda decía que todos los problemas vienen del egoísmo.
M. R.- Pues mi abuela dice que un poco de egoísmo hay que tener…
C.- Y dice que el egoísmo viene de la ignorancia, de que te crees que eres algo y la verdad es que no eres nada…
M. R.- ¡Nada lo serás tú! ¡Yo sí que soy algo!
C.- ¿Sí? Pues déjate de cachondeo y dime qué eres tú, o sea, cuál es tu esencia, eso que no puede cambiar en ti sin que dejes de ser tú.
M. R.- ¿Qué me deje yo de cachondeo, y me haces esas preguntas? Pues mira, yo soy una chica caverniana, alegre, simpática, guapa…
C.- ¡Para, para! ¿A ver? ¿Eres una chica? ¿Y si te cambias de sexo, dejas de ser tú?
M. R.- Mujer, pues un poco sí, o hasta bastante.
C.- Pues los que se cambian de sexo no dejan de creer que son ellos mismos… ¿Qué más? ¿Alegre? ¿Entonces cuando estás triste no eres tú? ¿Guapa? Aparte de que te regalaré un espejo mañana… ¿qué pasa si te cambia la cara y no hay quien te reconozca? ¿No serás tú?
M. R.- Déjate de rollos. Vamos a ver: sólo yo tengo mis recuerdos, nadie sabe lo que yo sé de mí, ¿sí o no?
C.- Pues no… Mira, hace muchos años no tenías los mismos recuerdos, y eras tú misma. Luego has ido cogiendo unos y soltando otros… Y, escucha, ¿qué pasaría si en un accidente (Dios… quiero decir, Buda no lo quiera) se te olvida todo lo que recuerdas? ¿Serías tú o no? ¿Y si te conviertes en un pájaro?
M. R.- ¿En un pájaro? ¡Pájaro el Buda ese! ¿A dónde quieres ir a parar?
C.- Pues lo que dice Buda es que, si te paras a pensarlo, eres nada de nada de nada. Y no sólo tú, sino todo, todo y todo. Y si te das cuenta de esto dejarás de ser egoísta.
M. R.- Sí, claro, y dejarás de tener cabeza ¿no te joroba? Te ha dado el mismo mal que a Espelunca.
C.- ¿Te has parado a pensar, como dice Espe, si todo esto es un sueño, o somos personajes que ha creado alguien y nos maneja y nos imagina como quiere?
M. R.- Pues si nos está imaginando alguien, está claro que tiene que ser un profe de cavernisofía, porque no es normal que nos rayemos tanto como nos rayamos, siendo unos pobres cavernianos.



C.- Vale, pero cuando lo sepas me dices CUÁL ES TU ESENCIA. Y tú, también.