( diálogo oscuro)
Genio de la caverna (cavernigenio, quiero decir).- ¡Ay! ¡Que me has pisao!
Tú.- ¡Uy! Perdona, es que aquí hay muy poca luz.

Cavernigenio.- ¿A dónde vas?
Tú.- Pues a mi cueva, a ver la lumbre.
Cavernigenio.- ¡Ah, no no! Esto no se queda así. Me has arrugado la lámpara. Esto te va a costar caro.
Tú.- ¿Cuánto?
Cavernigenio.- Te dejaré elegir a ti. ¿Esencia o existencia?
Tú.- ¿¡Cómo!?
Cavernigenio.- Te doy a elegir una de dos. O serás algo con existencia perenne, pero sin ninguna esencia concreta, o bien tendrás tu esencia, pero sin existir o existiendo muy poquito.
Tú.- ¿Qué quiere decir "sin esencia concreta"?
Cavernigenio.- Pues que un rato serás un trozo de musgo, otro rato una persona, luego un zapato, después una ráfaga de viento húmedo, y así.
Tú.- ¿Elegiré lo que quiero ser en cada momento?
Cavenigenio.- ¡Sí, hombre! Estás loco. Si pudieras elegir tú, entonces tendrías más esencia que yo ¿no te digo? No, no, serás en cada momento lo que quiera… la casualidad.

Tú.- ¿Existir o no existir?... Oye ¿eso no lo dijo un tío famoso?
Cavernigenio.- Sí, Hamlet, príncipe de Dinamarca, mientras miraba una calavera. Pero no dijo eso, sino “ser o no ser”. Y no sé si refería a la existencia o, más bien, a la esencia. De hecho se jugó el pellejo por intentar ser quien era (o quien él creía que era). Pero yo no estoy aquí para darte lecciones de literatura, sino para vengarme, como Hamlet. Así que, ale, elige.
Tú.- Jo, me lo has puesto chungo, y ¡sólo por un pisotón involuntario! ¡qué mal genio!
Cavergenio.- ¡No me mires así, que me ablandas! ¡Venga, vale! Si das la respuesta correcta al

acertijo, o sea, si me dices qué habría que elegir, te perdono la existencia,... o la esencia, lo que quieras.
Tú.- (para tus adentros)
¿Qué es menos tonto elegir en este caso (tan tonto en sí mismo)?